Artículos


Haz click en el título del artículo que quieres leer.


- Amarse a uno mismo
, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- El sentido del humor, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- Expresar sentimientos positivos, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- ¿La Navidad es triste?, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- Los errores, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- Yo, con la edad que tengo, ¿Para qué?, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- La ansiedad, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- La ansiedad II, por Marta Aparicio Sánchez-Molero

- Cómo ayudarnos para ayudar a la infancia, por Eneko Landaburu

 


Amarse a uno mismo

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Según la Real Academia Española, el amor es un “sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien”. Amar es buscar el bien verdadero del objeto amado. Tener amor hacia uno mismo es que busques tú bien, que te respetes, satisfagas tus necesidades reales, te cuides, te valores, promuevas tu desarrollo, que elijas construirte en lugar de destruirte.

¿Porqué hablar sobre este tema? Todos buscamos ser felices y en esto juega un papel esencial el amor que nos tengamos. La ausencia de este tendrá una serie de consecuencias negativas en nosotros y en nuestro entorno: la falta de amor a uno mismo es la principal causa de depresión; es difícil dar aquello que no tienes; amarse a uno mismo provoca satisfacción y ello repercute en las personas que nos rodean.

¿Cómo podemos amarnos?, paso a daros algunas orientaciones.

Dedícate tiempo. Elige cuánto te vas a regalar a diario y dedícatelo exclusivamente a ti. Trata de buscar un equilibrio entre tus obligaciones y tus satisfacciones; que no pase un día sin hacer “eso” que tanto te agrada.

Sé tu amigo. Son enemigos tuyos todas aquellas frases peyorativas que te dices a ti mismo/a cuando dialogas contigo o cuando hablas con otras personas de ti. Descubre todo lo positivo que haces y felicítate por ello. Antes que encontrar el fallo busca el acierto. Apláudete a diario y siente satisfacción por lo que has aprendido. Actúa como un/a buen amigo/a: compréndete, valórate y constrúyete.

Cuídate. Cuidarse es atender a nuestro cuerpo, desarrollar tus posibilidades intelectuales y crecer cada día. Tu eres lo más importante para ti, ¿te parece suficiente razón para atenderte bien?

Pide lo que necesites. Recuerda que pedir no es exigir. Cuando pedimos estamos aceptando todas las respuestas posibles, entre las cuales anda el “no”. Cuando pedimos aceptamos que podemos recibir cosas positivas de los demás. “Llámame alguna vez por teléfono. Me gustará”, “tengo ganas de ir a comer contigo. ¿Cuándo te viene bien?”.

Acepta lo positivo que recibas. Un regalo, un piropo, una felicitación, una frase bonita, una sonrisa… Porque te lo mereces, acéptalas y guárdalas, te ayudarán a sentirte mejor.

Rechaza lo negativo. Un grito, un insulto, un menosprecio, un gesto desagradable… Rechazar no significa, en absoluto, que tengas que pasar al ataque. Utiliza una comunicación eficaz: “eso que afirmas no es cierto”, “no. Yo no soy malo/a. Algunas veces me equivoco”, “no tienes derecho a decirme esto”.

Tienes muchas cosas importantes en tu vida: familia, amigos, trabajo, tu casa, etc. Dedícales tiempo y cuídalos porque se lo merecen. Pero, sin duda, cuidarás mejor de ellos y disfrutarás más, en la medida que te ames a ti mismo. Así, que no pase un solo día sin que lo hagas o al menos te lo propongas.

Subir


El sentido del humor

Marta Aparicio Sánchez-Molero

En 1979, en el libro “Anatomía de una enfermedad”, se exponía por primera vez la relación entre humor y salud. Su autor, Norman Cousin describe cómo se recuperó de su dolencia mediante un tratamiento que incluía, entre otras terapias, películas cómicas de los hermanos Marx.

Desde este momento hasta hoy ha llovido mucho y cada vez existen más estudios que demuestran los beneficios del humor y de la risa.

Algo tan sencillo como sonreír o unas carcajadas tienen unos efectos positivos sobre el organismo, entre los que destacan el fortalecimiento del sistema inmunológico, la reducción de la presión arterial y la disminución de los dolores. Por otro lado, la risa provoca una liberación de hormonas, las endorfinas, conocidas como las “hormonas de la felicidad”. Destaca su papel esencial en el equilibrio entre el tono vital y la depresión.

Pero los efectos de la risa no son sólo fisiológicos. El sentido del humor es una herramienta que permite distanciarnos de los problemas y así reevaluar las situaciones de manera más positiva y objetiva. Asumir un estilo de vida basado en el humor favorece las relaciones sociales y nos facilita hacer amigos. Es un mecanismo psicológico que permite aumentar la eficacia con la que nos enfrentamos a las situaciones. Y es que, en la mayoría de las ocasiones, la forma de resolver una situación complicada depende más de la actitud con la que se afronte que de la aptitud para poder resolverlo.

El sentido del humor no es una cualidad innata, sino una habilidad que puede aprenderse y desarrollarse. Para ello debemos aceptar nuestras virtudes y defectos, verlos con un punto de vista crítico y sabiendo reírse de ellos. Mirar los problemas desde fuera, en la distancia y con objetividad. Tener valor ante los problemas, tener presente que casi todos tienen solución y que acaba llegando, por lo que no merece la pena agobiarse. Por otro lado, relacionarse con personas con gran sentido del humor ayuda a desarrollar el propio y a aprender de ellos.

Utilizar el sentido del humor es reconocer el valor de la vida y lo que en ella está en juego, no es algo vacío de contenido ni superficial; así que no la hagamos que sea difícil ni un minuto más de lo necesario. Tomate las cosas con buen humor y ríete.

 

Subir


Expresar sentimientos positivos

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Algunas personas creen que expresar los sentimientos es un signo de debilidad, a otras les puede dar vergüenza o no saben cómo hacerlo; otras pueden no creerlo necesario Sin embargo, hay personas que saben de la importancia y el valor de expresar nuestros sentimientos positivos.

¿Por qué expresar nuestros sentimientos positivos?

Es uno de los componentes esenciales de la comunicación; a través de ellos transmitimos a los demás cómo nos sentimos (alegres, contentos, qué nos gusta, qué hizo bien, etc.). Esto produce un efecto positivo sobre la persona con la que hablamos (hijo, pareja, amigo, padre, etc.), le hará sentirse bien, ayudándole a que conozca algo más de nosotros mismos. Lo que a su vez nos produce un efecto positivo. En definitiva, transmitiremos y produciremos más bienestar si expresamos nuestros sentimientos positivos.

Proponernos estar atentos y expresar nuestros sentimientos positivos, es una medida de salud mental, al tener una predisposición abierta hacia los aspectos optimistas.

Se puede pensar que con nuestra apariencia externa ya nos estamos expresando. Se da por hecho que esa persona ya sabe lo que me gustó, me agradó, me ayudó o me hizo sentir bien: “nos conocemos hace tantos años…”, “es mi hijo, el sabe que me hizo ilusión”... No hay que darlo por hecho, aquellos que nos rodean agradecerán que les comuniquemos cómo nos sentimos.

Llamas a un amigo para salir y él acepta y pasáis una noche divertida. Eso es un hecho, pero te sentirás mejor y repetirás la llamada, si tu amigo te dice:” me alegra que me hayas llamado, me divierto contigo, ¡me encanta que salgamos!”.

Tu hija te pide que le acompañes al médico, suponemos que por la petición es algo que le agrada, pero teniendo en cuenta los efectos antes mencionados, será más positivo si ella te dice:”agradezco que me acompañes, me siento más tranquila cuando vienes conmigo”.

Otros ejemplos: “hijo, me gustó el detalle tan especial que tuviste con tu madre, me siento orgulloso de ti”,“me encanta planificar las cosas contigo, me siento muy bien”,“fuiste muy comprensivo y atento con tu amigo, me gusta que seas así con los demás”, etc.

Son muchos los sentimientos positivos que podemos expresar a lo largo del día. Sólo se trata de estar atentos a lo que sentimos y proponérnoslo.

Subir


¿La Navidad es triste?

Marta Aparicio Sánchez-Molero

A muchas personas la Navidad les entristece. Se suelen argumentar diferentes motivos: Hay personas que piensan que la Navidad es triste porque son fechas propicias para echar en falta a seres queridos ausentes; en ocasiones, la idea de felicidad, lujo y fantasía que aparece en los medios de comunicación no se corresponde con la realidad; otras veces no podemos señalar una causa concreta. Pero lo que sí es cierto es que la nostalgia, la melancolía o la tristeza, son sentimientos que experimentan muchas personas ante estas fechas que se aproximan.
Detrás de cada una de estas situaciones existe un motivo principal por el que las personas ven la Navidad como una época triste, o incluso a veces, estresante; es su forma particular y personal de interpretar esta época del año la que determina que aparezcan dichos sentimientos. Es el prisma través del que miramos los acontecimientos, el que determina nuestros sentimientos y nuestros comportamientos. Los pensamientos que tengamos, son los que harán que nos sintamos tristes o alegres o como normalmente nos sentimos. "No me gustan las Navidades, es un época triste", "en estos días parece que todos debemos estar alegres, ser buenos y más felices que nunca; y tener que comprar algo por comprar... ", "me acuerdo mucho de un ser querido que falta... ", "qué rollo, no tengo dinero para comprar marisco, play-station, etc... " Son ejemplos de pensamientos negativos que provocarán una emoción negativa.
El dar por hecho que la Navidad es una época triste al igual que los días nublados, es una distorsión de la realidad. ¿Dónde está escrito, quién lo ha dicho? Si llevas muchos años percibiendo la Navidad como una época triste, obsérvate y párate a escuchar tus pensamientos, mira qué enfoque le estás dando a esa fecha. Quizás te estás centrando en aspectos negativos y no tienes en cuenta los positivos. Si es así, intenta darle un enfoque más realista y positivo a dicha situación.
Por ejemplo, suelen ser días de vacaciones, aprovecha estos días libres para hacer cosas pendientes que no puedes realizar en otras épocas del año o para hacer planes diferentes. No es necesario pasarlo bien obligatoriamente, ni hacer cosas que no te apetecen por que las hacen el resto de las personas, ni comprar muchas cosas, etc.

Trata de centrarte y de aprovechar lo bueno de cada cosa. Elige, porque puedes hacerlo, cómo quieres que sea tu Navidad. Qué aspectos, tradiciones, ceremonias y fiestas, etc. quieres que formen parte de tu Navidad. Evidentemente habrá algunos que no quieras pero que, ya sea por tu familia, por tu pareja o por tus hijos, te ves en la obligación de formar parte de ellos. Si decides participar por este motivo, ten en cuenta que tu forma de percibirlo determinará cómo te vas a sentir y cómo te lo vas a pasar.

Al fin y al cabo las fechas son días en el calendario, tendrán la importancia que tú les quieras dar.

¿Cómo quieres vivir tu Navidad?

 

Subir


Los errores

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Desde siempre, nuestra cultura ha castigado el error y hemos aprendido a verlo como algo negativo y que hay que evitar. ¿Negativo?, ¿a evitar? Difícil tarea para los humanos, seres imperfectos, para los que los errores son inevitables. Aprendamos a ver los errores como algo natural y valioso. Venimos al mundo sin saber nada. Casi todo lo que aprendemos lo hacemos a costa de errores.

Imaginemos una persona que quiere aprender a tocar el piano. Por muchas horas que pase observando al mejor pianista del mundo nunca llegaría a aprender a tocar dicho instrumento. Sabemos que aprender a tocar un instrumento se consigue a lo largo de muchas horas de práctica en las que aparecerán muchas equivocaciones. Cada una de ellas nos dice lo que tenemos que corregir y nos van aproximando hacia una mejor realización de la tarea a través de la información que nos proporcionan los errores.

No hay forma de aprender ninguna tarea o habilidad sin errores.

Un error es cualquier cosa que usted hace, que más tarde, tras reflexionar, haría de forma diferente. En el momento exacto de tomar una decisión o de realizar una acción hacemos lo que creemos conveniente. Lo hacemos en base a la información (limitada) que tenemos en ese momento. Pero, es muy posible, que después aparezca una información nueva que nos haga replantearnos nuestra decisión y denominarla como un error.

Veamos una situación: Pedro quiere comprarse un jersey que sea de calidad para que no se le estropee. Va a una tienda de confianza, de entre tres chalecos elige uno en función de la marca, tejido y precio del jersey(es la información que dispone en ese momento). Después de varios usos, el chaleco se deforma y empiezan a salirle las temidas bolitas. Ha aparecido una información nueva, el conocimiento de Pedro ha cambiado, y esa información le dice que los jerséis de esas características no dan buen resultado. La decisión estuvo bien tomada y fue adecuada en función de la información de la que disponía en ese momento, pero pasado un tiempo aparece una nueva información que le hace replantearse su decisión inicial. Por ello, no tiene ningún sentido recriminarse por dicha decisión y sentirse culpable por ello; se trata de sacar un aprendizaje de ese error y tenerlo en cuenta para futuras ocasiones.

Evidentemente, comprarse un jersey es una decisión poco compleja y con pocas repercusiones. Pero ante decisiones más importantes y complejas tengamos en cuenta las conclusiones extraídas de la situación. Nuestro conocimiento es imperfecto, no podemos predecir con exactitud los efectos derivados de una decisión.

Aprendamos a aceptar nuestros errores. Siempre hacemos lo mejor que somos capaces de hacer en cada momento.

Subir


Yo, con la edad que tengo, ¿Para qué?

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Ser viejo no es sinónimo de estar enfermo o de estar necesariamente triste, pero con frecuencia se considera normal un descenso en el estado de ánimo, en las actividades o en el contacto social de los ancianos. Se considera que jubilarse o envejecer es sinónimo de " no productivo", de falta de actividad. Expresiones de este tipo son frecuentes: “¿Apuntarme a clases de informática?, ya, con la edad que tengo ¿para qué?”; “¿Divertirme?, ¡con la edad que uno tiene!…eso es para los jóvenes”

A diferencia de lo que muchos creen, la mayoría de las personas de la tercera edad conservan un grado importante de sus capacidades, tanto físicas como mentales, cognitivas y psíquicas. La tercera edad es en realidad un momento propicio para dedicarse a actividades que, por falta de tiempo no pudieron realizarse antes.

Se entiende por actividad aquella que se elije y que llega a ser fuente de placer, de esparcimiento, de desarrollo personal.

La mayor parte de los ancianos, salvo impedimentos físicos graves, se encuentran en disponibilidad de fortalecer y desarrollar actividades que les despiertan placer. El despliegue de dichas actividades, ya sean intelectuales, culturales o físicas, retrasan el deterioro mental y anímico que ocurre en el proceso fisiológico del envejecimiento.

Cuando las personas mayores toman conciencia de que se puede seguir aprendiendo durante toda la vida se sienten muy gratificados y toman con entusiasmo, actitudes creativas, de aprendizaje, de reflexión, y esto se revierte en una mejoría de la autoestima y un mejor disfrutar del tiempo.

Cuando la persona se levanta a la mañana y tiene ante sí lo que se le hace "un largo día", seguramente se deprime, se angustia, aparecen los tres enemigos más crueles: la rutina, el aburrimiento y la soledad. Qué distinto se levanta si tiene que salir porque una actividad que él elige, grata, con otra gente lo espera a determinada hora del día. No es bueno " matar el tiempo", el tiempo está para vivirlo

La realización de actividades gratificantes influye y regulan nuestro estado de ánimo de forma positiva. Nos permiten estar motivados ante el día a día. Es positivo hacer cosas por las que nos sintamos satisfechos. Fomentan el contacto social.

El estar activos, tener ilusiones, proyectos influye en nuestra salud física y psicológica. Casi una tercera parte de la vida transcurre entre el envejecimiento y la vejez: no hay duda que hay que vivirla y lo mejor posible.

Se trata de vivir en lugar de ver pasar la vida.

Subir


La ansiedad

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Existe la creencia generalizada de que la ansiedad es negativa, incluso peligrosa. En términos generales, se podría entender la ansiedad como una reacción de alarma de la que dispone nuestro organismo para defendernos cuando estamos frente a una amenaza. Todos sus efectos están dirigidos a combatir el peligro o escapar del mismo. Es decir, el propósito de la ansiedad es proteger al organismo.

Todos sentimos ansiedad, de hecho es necesaria para la vida. La ansiedad es una sensación más, una parte del ser humano, al igual que la alegría o la tristeza, emociones o sensaciones todas ellas que enriquecen la vida de las personas.

Por otra parte, la ansiedad puede proporcionar a la persona un grado óptimo de activación que le ayude a mejorar en su rendimiento. Un grado de ansiedad leve puede servir para estimular nuestras capacidades y permitirnos ser más eficaces para superar con éxito una tarea determinada. La eficiencia va mejorando de manera proporcional al incremento de la ansiedad hasta que se llega a un cierto nivel, más allá del cual un nuevo incremento de la ansiedad puede tener un efecto limitante o incapacitante sobre la persona.

Las manifestaciones de la ansiedad están agrupadas en tres niveles: Psicológico, fisiológico y conductual. Veámoslo con un ejemplo: Si vamos por la calle y vemos venir hacia nosotros un vehículo a mucha velocidad nuestra mente interpreta la situación como peligrosa. Por ello nuestro cuerpo se prepara para huir de la situación de la siguiente forma: tensara los músculos, acelerará el ritmo del corazón y el respiratorio (nivel fisiológico) y esto nos permitirá estar preparado para salir corriendo (nivel conductual). Es una reacción esencialmente protectora que estimula el sistema nervioso simpático o lo que es lo mismo, una activación de nuestra ansiedad que nos permite salir ilesos de esta situación; si usted no experimentara ninguna ansiedad, resultaría muerto. Sin embargo, lo más probable es que su respuesta de protección o defensa ocurriera y usted se apartara del camino del coche para ponerse a salvo. La moraleja de este ejemplo es muy simple: el propósito de la ansiedad es proteger al organismo, no dañarlo. Sería totalmente ridículo para la naturaleza desarrollar un mecanismo cuyo propósito fuera proteger a un organismo y, al hacerlo, dañarlo.

En este sentido, la ansiedad no sólo no es negativa, sino que puede resultar esencial para nuestra supervivencia. Seguramente, sin la reacción que la ansiedad provoca, el ser humano no habría sobrevivido a lo largo de la historia.

La ansiedad es una respuesta normal y sana, pero se convierte en un problema a solucionar cuando ocurre en momentos en los que no existe un peligro real, asunto que se tratará en el próximo artículo.

Subir


La ansiedad II

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Se hablaba en el artículo anterior de la ansiedad como una respuesta normal y sana, que facilita la adaptación del ser humano al medio ambiente: ayuda a proteger a nuestro organismo y estimula nuestras capacidades (interés, curiosidad, afán de conocer, etc.)

La ansiedad puede llegar a desencadenarse dentro de nuestro organismo incluso cuando el peligro no es real. Existe un trastorno cuando la ansiedad está presente en la mayor parte del día y no existen circunstancias reales que justifiquen ese estado.

Entonces, si no existe un peligro real, ¿porqué determinadas personas tienen ansiedad? Es la interpretación particular de la situación, que la etiqueta como peligrosa o amenazadora la que determina que aparezca una respuesta de ansiedad.

Las situaciones que son percibidas como peligrosas y ante las que las personas podemos sentir miedo, sin que exista un peligro real, son muy diversas.

Puede aparecer un miedo intenso y persistente ante objetos o situaciones específicas (P.ej.: volar, animales, inyecciones, sangre, situaciones de tipo social, etc.); dicho temor, provoca que la persona que lo padece evite estas situaciones o las soporte a costa de una intensa ansiedad; en este caso hablamos de las fobias.

Por otro lado, ante una amplia gama de acontecimientos o actividades normales de la vida diaria, como son posibles responsabilidades laborales, temas económicos, la salud de la familia o incluso problemas de carácter menor (P.ej...: las faenas domésticas, la reparación del automóvil, llegar tarde a las reuniones, etc.) pueden aparecer preocupaciones excesivas; dichas preocupaciones son claramente desproporcionadas con respecto a las posibles consecuencias que puedan derivarse de la situación o acontecimiento temido; la persona que lo padece le resulta difícil controlar ese estado constante de preocupación; en este caso hablamos de ansiedad generalizada.

Estos son ejemplos de algunos de los trastornos de ansiedad más frecuentes.

No hay que preocuparse si se manifiestan ocasionalmente y de forma leve algunos síntomas ante alguna situación determinada. Pero cuando dichos miedos o preocupaciones provocan un malestar significativo o interfieren en la rutina diaria, en sus relaciones personales, laborales o sociales, estamos hablando de un problema psicológico que conviene tratar.

Dejemos de ver la ansiedad como algo negativo y aprendamos a verla como un “mensajero” que indica la presencia de un problema o aspecto que requiere ser resuelto.

Subir


Cómo ayudarnos para ayudar a la infancia

Eneko Landaburu

Muchas escuelas cuentan con un aula de psicomotricidad, para facilitar la maduración emocional del niño. A través de juegos espontáneos, con movimientos, pinturas, arcilla o construcción con bloques de madera, los niños exploran sus angustias y deseos. El fin es preservar y potenciar su salud mental, fundamental para el resto de sus vidas.

En esto tiene mucho que ver la Escuela de Psicomotricidad de la UNED en Bergara (www.uned.es/ca-bergara), que lleva 18 años dando formación a los que animarán y supervisarán estas actividades.

Hace unas semanas tuvieron lugar las VI Jornadas de Práctica Psicomotriz, que reunieron a más de 400 profesionales del mundo infantil. El presidente de la Asociación Europea de Escuelas de Psicomotricidad, el profesor francés Bernard Aucouturier, habló de los orígenes, pasado y presente de la práctica psicomotriz. El psiquiatra infantil Alberto Lasa trató la relación de la psicomotricidad con la psiquiatría y los trastornos del desarrollo motor y del esquema corporal.

A mí me tocó contestar a la ingeniosa pregunta que me lanzaron los organizadores: ¿Cómo ayudarnos para ayudar a la infancia? A continuación te doy unas pinceladas, y luego tú sigues discurriendo.

La pregunta nos insinúa que los niños recibirán mejores cuidados si los adultos reciben ayuda. Que la salud mental de los pequeños depende de la salud mental de los mayores. Que, para dar, necesitamos recibir, necesitamos un espacio y un tiempo donde recuperarnos de las frustraciones de la vida cotidiana y de las heridas que arrastramos de nuestra infancia.

El buen desarrollo psicológico de un niño necesita de unas circunstancias adecuadas. Somos ex niños que fuimos criados en circunstancias más o menos adversas, que no permitieron un desarrollo pleno de nuestra psicología. Esto en parte ocurrió porque a los mayores que cuidaban de nosotros les ocurrió otro tanto en su infancia. Los grandes llevamos dentro un pequeño dolido, que está pidiendo a gritos atención y que, si no se la damos, no hará más que molestar y complicar nuestra vida.

Plantearnos cómo ayudarnos y cómo ayudar a la infancia supone enfrentarnos a una civilización basada en la antiayuda, en la competencia, la conquista y la explotación. No es algo nuevo, pero tampoco «de toda la vida». Sólo han sido estos últimos 5.000 o 10.000 años, cuando la humanidad se ha visto poseída por esta forma de relación basada en el dominio. Empezó con el varón dominando a la hembra y se fue extendiendo a la relación de los adultos contra los niños, de una clase social pudiente contra la clase desposeída, a unos pueblos contra otros, a una raza contra otras, incluso contra la misma naturaleza.

Martín Luther King (1929-1968) dijo que «hemos aprendido a volar como pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos». Esta es la asignatura pendiente que nos queda. Si los humanos, aplicando nuestro ingenio, hemos logrado hacer reales las utopías de Julio Verne de volar hasta la Luna y de nadar por el fondo del mar, si nos empeñamos, podemos hacer reales las viejas utopías de solidaridad y fraternidad. Hoy tenemos más posibilidades, al tener más conocimientos sobre la mente y el comportamiento humano.

Para que las futuras generaciones salgan más ingeniosas y solidarias, tendremos que mejorar las condiciones de vida y laborales de los que cuidan de los niños. Siendo la crianza el trabajo más digno y delicado, no hay derecho a que madres y padres tengan que hacerlo sin recibir salario, ni capacitación, ni apoyo psicológico, y encima se les culpe de los malos comportamientos de sus hijos. Madres y padres son otro grupo social oprimido, que necesita juntarse, darse cuenta del trato injusto que recibe, elaborar un plan de liberación y buscarse apoyo de otros grupos para lograr sus reivindicaciones. Algo semejante podríamos decir de los profesionales del mundo infantil. ¡Cuidadores de los niños del mundo, uníos!

El físico Edwin Schrödinger (1887-1961) nos señalaba que «la experiencia enseña que podemos herirnos los unos a los otros física y psíquicamente, y que podemos también ayudarnos y complacernos mutuamente, aunque sólo sea escuchándonos los unos a los otros». Si queremos sobrevivir, nos urge desarrollar esa otra potencialidad de cooperación y solidaridad. Empecemos por escucharnos. Cuando nos sentimos mal, pensamos y actuamos mal. Necesitamos expresar cómo nos sentimos, para recuperar nuestras facultades. «Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera, para que adentro nazcan cosas nuevas». Expresarnos con la palabra y con el cuerpo: con el gesto, la postura, el grito, el llanto, etc. Esto ya lo sabíamos al nacer, pero luego nos confundieron haciéndonos creer que expresar sentimientos era de mala educación, muestra de debilidad o de locura. Nuestros mecanismos de autocuración mental han sido reprimidos, y se nos ha derivado hacia el consumo compulsivo. No necesitamos consumir alcohol, tabaco y demás sustancias psicoactivas para sentirnos bien. No necesitamos tratar de ahogar las penas anestesiándonos. Necesitamos de la escucha respetuosa para poder desahogarnos y así recuperar el bienestar que nos deje pensar y actuar bien.

No tenemos costumbre ni de escuchar ni de expresar las emociones. Necesitamos de un tiempo y un espacio adecuado donde recuperar esta buena costumbre. En la vida cotidiana los humanos tratamos de satisfacer esa necesidad de ser escuchados y rara vez funciona. Nos emparejamos tratando de satisfacer ese ansia de ser escuchado íntimamente. Recién conocemos a nuestra pareja, nos da por contarle toda nuestra vida. Pero, como cuenta el chiste, «al comienzo, habla el enamorado y escucha atenta la enamorada; habla la enamorada y escucha atento el enamorado; y cuando llevan años de convivencia, hablan los dos a la vez y escuchan los vecinos». Necesitamos tener un tiempo y un espacio donde juntarnos con el firme propósito de hablar de lo que más nos angustia, y de escuchar con respeto, sin interrumpir con consejos, comentarios o sermones.

El actual desorden social nos enfrenta: hombres contra mujeres, poseedores contra desposeídos, colonizadores contra colonizados; enfrentamientos entre maestros, padres y alumnos; entre ancianos, adultos, jóvenes y niños; entre médicos, enfermeras y pacientes; etc. El enemigo es el desorden social, no el ser humano. «Para unir, primero hay que separar». Para luego escucharse y comprenderse mejor entre grupos enfrentados, es bueno primero juntarse por separado para que cada grupo se escuche, profundice y se aclare de su problemática.

Nadie va a quedarse a un lado. Para que los niños gocen de buena salud mental, necesitamos la colaboración de profesionales, madres y padres, tíos, hermanos mayores, cuñados y vecinos. Y prestar atención a nuestras raíces. Escuchar a nuestros ancianos para conocer en qué condiciones fueron criados los que nos criaron.

¡Venid a adorar al niño! Al niño de carne y hueso. Y al pequeño dolido que los grandes llevamos dentro.

Subir

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


tags: sevilla, utrera, psicología, psicóloga, psicólogo, consulta psicológica, ayuda, emocional, psicoterapia, marta aparicio.

Marta Aparicio Sánchez-Molero

Psicóloga
Coleg. n° AN-4539
consultas en Sevilla y Utrera
móvil 649 34 15 53
martaapariciosm@hotmail.com


Consulta en Sevilla

San Francisco Javier, 24
Edificio Sevilla I, 1a planta, módulo 19
41018 Sevilla
Tlf. 95 441 18 73
ver mapa

 

Consulta en Utrera

Plaza de la Trianilla, 1

41710 Utrera (Sevilla)
Tlf. 95 486 23 75
ver mapa

 

 
diseño web fismo&fismo diseño web